Mentiras palestinas

Este texto fue publicado originalmente en el portal MXT (octubre 20 de 2015), y también puede leerse aquí.

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“El ejército israelí ejecutó a un niño, a sangre fría”. Así lo anunció Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina. La noticia corría como pólvora encendida en los territorios palestinos y el mundo musulmán. Incluso varios medios occidentales recogieron la nota sin mucha crítica ni contexto. Pero era mentira.

En realidad, Ahmed Manasra no estaba muerto, sino siendo atendido en un hospital en Israel, por médicos israelíes, después de ser golpeado por un auto mientras intentaba huir. Y es que Ahmed, junto con su primo Hassan, habían apuñalado a un joven judío de 25 años y a un niño de 13, como él mismo lo confesó después y videos de seguridad demostraron.

Desde inicios de octubre, Israel ha vivido una ola de violencia en la que palestinos, la mayoría muy jóvenes, han atacado a ciudadanos israelíes –buscando específicamente que sean judíos–, mediante dos modalidades principales: acuchillando o utilizando automóviles para atropellar a las víctimas, aunque también se han registrado agresiones más “convencionales” con arma de fuego. Generalmente, los agresores son sometidos por la policía o el ejército israelí, y algunas veces el uso letal de la fuerza ha sido necesario.

Foto 1

En todos los casos, el gobierno y los medios palestinos proclaman que Israel atacó a personas inocentes. No importa que existan fotografías y videos que muestran claramente cómo estos terroristas agreden a ciudadanos israelíes; ni importa que en muchos casos los agresores de hecho hayan publicado en sus redes sociales que saldrían a matar judíos. La narrativa palestina es la de la victimización y la incitación. Mentiras que cuestan vidas.

En su vocabulario a los crímenes se les llama resistencia, incluso cuando las victimas son personas como Marike Veldman, una mujer que ha dedicado los últimos 32 años de su vida a mantener una casa-hogar para niños árabes de escasos recursos, apuñalada la semana pasada. En su visión del mundo, la posibilidad de que un judío rece cerca de una mezquita es una licencia para asesinar niños y ancianos. En su mundo ideal –al que no pocos medios hacen eco–, Israel es criminal por defenderse de la agresión de criminales. La mentira que muta en absurdo.

El origen de la violencia

Diversos grupos palestinos –incluyendo a las autoridades– han difundido la falsa versión de que Israel pretende cambiar el llamado estatus quo en el Monte del Templo, y en particular en la mezquita de al-Aqsa. Aquél lugar es el más sagrado para el judaísmo y el tercero más sagrado para el islam. No obstante, según el acuerdo entre Israel y la comunidad musulmana local, desde 1967 y a fin de mantener la paz, los judíos pueden visitar pero no rezar ahí. Los musulmanes sí pueden, y de hecho aunque el lugar está bajo jurisdicción israelí, para propósitos prácticos es controlado por la comunidad musulmana.

Si el fanatismo no estuviera de por medio, no tendría nada de malo que se permitiera a los judíos rezar en su lugar más sagrado; pero en todo caso esto es falso, el gobierno israelí no pretende alterar el status quo de 1967. Sin embargo, esta mentira ha incendiado los ánimos y ha sido, a decir de los propios terroristas, la razón principal que ha motivado los ataques contra judíos en todo el país. En otras palabras, mucha gente ha muerto durante todo este mes a causa de una mentira conscientemente diseñada y repetida por el gobierno palestino y sus voceros; una mentira que no resiste la prueba de la realidad, pero por la que igual se ha derramado sangre.

Lecciones para matar

En las redes sociales palestinas circulan infografías y videos que incitan a cometer asesinatos contra judíos, y además enseñan técnicas para lograrlo, como el que un habitante de Gaza, Zahran Barbah, publicó en Facebook y que muestra las partes del cuerpo a las que se debe atacar para causar el mayor daño posible.

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En los territorios palestinos a las personas que cometen estos crímenes se les celebra como héroes; shahid, les llaman (mártir), le ponen sus nombres a calles, se reparten dulces festejando la muerte de israelíes, y sirven como ejemplo para adoctrinar a jóvenes y niños, quienes apenas entienden lo que pasa, pero ya proclaman en entrevistas que desean salir a matar judíos.

Las autoridades también incitan esta violencia. Por un lado, el gobierno de la Autoridad Palestina no ha condenado uno sólo de los ataques contra israelíes, y por el otro, a veces simplemente se celebra el hecho, como Tawfik Tirawi, integrante del comité central de Fatah, partido gobernante, quien recomienda evitar los ataques con bombas porque pueden llamar demasiado la atención occidental, pero afirma que las agresiones con cuchillo están bien, porque son hechos locales que se notarán menos en la prensa extranjera.

A eso debe sumarse que los terroristas liberados por Israel y que vuelven a territorio palestino reciben apoyo económico del gobierno, igual que sus familias durante su etapa en prisión. El estado benefactor del terrorismo. La recompensa institucional por tener sangre judía en las manos.

Imagen 3

Hamas, el grupo terrorista que gobierna la franja de Gaza suele ir más allá. Son famosos sus campos de verano en los que niños de menos de 15 son entrenados en ejercicios militares y adoctrinados para ver en Israel y los judíos enemigos mortales, así como sus programas infantiles de televisión en los que botargas de animales educan a los niños para “masacrar judíos”.

No hay nadie del otro lado de la mesa

Lo más trágico y perverso que revela esta nueva ola de terror es que la Autoridad Palestina, no menos que Hamás, está educando a toda una nueva generación de jóvenes y niños en el odio.

Hoy día mucha gente en Israel se pregunta, ¿cómo se puede negociar la paz con un vecino que dice querer coexistir pero que al mismo tiempo solapa y aún incita a que sus ciudadanos salgan con un cuchillo a cortarte la garganta? Lamentablemente, gracias al gobierno palestino y a la semilla de odio que están sembrando, los futuros líderes de Israel en 20 y 30 años se seguirán preguntando lo mismo.

El primer paso para romper el círculo vicioso es no tener miedo a utilizar la terminología adecuada. La primera batalla que se debe ganar es discursiva, porque la narrativa palestina de la victimización y la justificación de la violencia cala hondo, y llega a convencer y a seducir a personas por otro lado decentes e inteligentes.

Si uno ojea la sección internacional de diversos periódicos europeos, por ejemplo, se encontrará con titulares como “La policía israelí abate a otros dos palestinos”, y sólo si uno lee la nota completa encuentra la necesaria aclaración: “el hecho ocurrió en Jerusalén luego de que ambos palestinos acuchillaran a la tercera víctima judía de esta semana”.

Hay muchos palestinos que trabajan por un mejor futuro donde haya paz. Ellos constituyen aliados y representan la esperanza. Pero hay otros tantos, no pocos, cada vez más, que han decidido convertirse en asesinos, en educar a sus hijos como tales. Ellos son terroristas, el gobierno que los tolera es criminal, y los voceros que los defienden son cómplices en la construcción de mentiras que cuestan vidas de ambos lados.

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