Neoliberalismo para dummies

Este texto fue publicado originalmente en el portal MXT (agosto 4 de 2015), y también puede leerse aquí.

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El neoliberalismo es uno de los conceptos más usados pero menos entendidos en nuestro debate público.

Del neoliberalismo se dice que es una doctrina, una agenda, un modelo, una racionalidad, un paradigma, un invento del maligno o del ITAM; pero casi siempre, sin importar si es un denso texto académico, una diatriba de mitin político o una charla de café, al elusivo término se le trata como algo que todos entienden y que no necesita explicarse.

En particular, hay tres aspectos que oscurecen este concepto y su uso: 1) la falta de una definición, al menos genérica; 2) que suele entenderse como un hecho estático, no como un proceso dinámico, y 3) que se le considera como una doctrina cerrada y absoluta. Veamos.

En primer lugar, como programa y definición práctica el neoliberalismo se asocia al llamado “Consenso de Washington”, una serie de medidas de política económica que el analista John Williamson identificó como aquéllas en las que convergían los gobiernos latinoamericanos y las instituciones financieras (FMI, Banco Mundial, Reserva Federal) en el marco de las negociaciones para reestructurar la deuda durante los años ochenta[1]:

10-puntos-Consenso-de-Washington

En este sentido, el “Consenso de Washington” nunca se planteó como un sistema, y ni siquiera fue un consenso, sino como el propio Williamson destacó, fue una mera sistematización académica que daba cuenta a grandes rasgos de los acuerdos de un proceso particular en un momento histórico específico[2].

No obstante, estos instrumentos en conjunto son lo que tradicionalmente se entiende como políticas neoliberales, y por asociación otras medidas tendientes a reducir al mínimo posible la intervención estatal en la economía.

En segundo término, en tanto que proceso el neoliberalismo puede leerse como el conjunto de una crítica al estado (su burocracia, su coerción, su autoridad) que maduró a lo largo del siglo XX, al menos desde los años treinta, y encontraría su punto climático en los setenta, con la crisis económica, el declive del estado de bienestar y también del modelo soviético[3].

En esta crítica convergieron tradiciones muy diversas de izquierda y derecha, desde los Chicago boys y los think tanks más conservadores hasta los jóvenes idealistas en las calles europeas de los años sesenta, que coincidían en celebrar al individuo, la autenticidad, la fuerza de la creatividad personal y la libertad.

Si bien hoy el neoliberalismo se asocia con ideas como establishment e imperialismo, en sus orígenes hay un fuerte componente de rebeldía juvenil, con algunos toques de populismo, de un ánimo iconoclasta que quiere derribarlo todo y crear un mundo nuevo.

Como desarrollo intelectual, encuentra quizá su abrevadero más importante en la Sociedad Mont Pelerin, fundada en 1947, cuyo primer presidente fue nada menos que Friedrich Hayek, que cuenta entre sus integrantes a Ludwig von Mises, Walter Lippmann, James M. Buchanan, Karl Popper, y por supuesto, Milton Friedman, una de las figuras más asociadas al desarrollo del pensamiento neoliberal[4].

Pero la batalla contra la intromisión estatal en la esfera privada tenía dos vertientes: como lucha por la libertad política y por la libertad económica; al final, el neoliberalismo, a diferencia del liberalismo clásico, terminó privilegiando a la segunda.

Se trata en buena medida de una reacción al keynesianismo, que asigna al mercado el papel protagónico no sólo antes sino aun por encima de la libertad política. Un caso extremo lo ejemplifican algunas dictaduras militares sudamericanas, y particularmente Chile en la era Pinochet, quintaescencia de un liberalismo económico que convive con el autoritarismo y la opresión.

En tercer lugar, como opción de políticas públicas el neoliberalismo puede presentarse como una ideología absoluta cuyas reglas y dictados se ejecutan con puntillosa ortodoxia. Esta es la imagen más popularizada, la que evoca connotaciones negativas, y en efecto, ha habido quienes han adoptado este sistema como dogma.

Pero en la cotidianidad, más que un neoliberalismo puro existe un repertorio de políticas que no necesariamente se aplican ni todas juntas ni de forma permanente. Visto así, prácticamente todos los gobiernos tendrían que ser catalogados en menor o mayor medida de neoliberales: de Thatcher y Reagan a Chávez y Castro, de Lula y Kirchner a Aznar y Blair, porque todos han echado mando de los instrumentos del Consenso de Washington.

Y es que esas políticas económicas no son más que eso, instrumentos. Un gobierno puede, simultáneamente, mantener su compromiso social y privatizar bienes estatales que produzcan más riqueza y empleo en manos de particulares, por ejemplo. Y al contrario, podría no usar ninguna de aquéllas herramientas y aun así fallar en su tarea de promover la igualdad y la justicia.

Al final del día, el neoliberalismo puede ser usado canónica o pragmáticamente, como receta completa o como instrumento para solucionar problemas puntuales; se pueden usar herramientas “del consenso” cuando resulte adecuado sin convertirse por ello en un neoliberal doctrinario.

En todo caso, es necesario estudiar el neoliberalismo. Porque es una realidad que está ahí y que a la luz de la crisis del 2008 exige un nuevo análisis, un replanteamiento sobre sus límites y sobre la alternativa de un estado moderno pero social, defensor de lo privado pero con vocación pública, económicamente eficiente pero con fuentes populares de legitimidad.

Referencias

[1] John Williamson (editor), Latin American Adjustment: How Much Has Happened?, Washington D.C., Institute for International Economics, 1990.

[2] John Williamson, “What should the World Bank think about the Washington Concensus, The World Bank Research Observer, Washington (agosto 2000).

[3] Un texto claro y conciso sobre la historia intelectual del neoliberalismo, en el que en Buena medida se basa esta sección del artículo es Fernando Escalante, Historia mínima del neoliberalismo, México, El Colegio de México, 2015.

[4] Philip Mirowski y Dieter Plehwe, The Road from Mont Pelerin. The Making of the Neoliberal Thought Collective, Cambridge, Harvard University Press, 2009.

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