Cuatro lecciones de la experiencia Kumamoto

Este texto fue publicado originalmente en el portal Mexican Times (julio 14 de 2015).

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La ruta de campaña de Pedro Kumamoto, exitoso candidato sin militancia al congreso de Jalisco, arroja diversas lecciones para los políticos jóvenes. Quedan aquí cuatro reflexiones.

Apostó por sus causas, no por su edad

Ser joven no es un mérito político, es una condición biológica que algunas personas transitan de forma talentosa y otras de forma lamentable, igual que la adultez o la senectud; pero se ha querido convertir a la edad en una cuota de acceso al poder.

Esto resulta común en los partidos políticos, cuyos grupos juveniles reclaman espacios por el mero hecho de ser jóvenes, argumentando la necesidad del relevo generacional, pero muchas veces sin propuesta alguna.

Kumamoto no arrojó sus 25 años como anzuelo electoral. De hecho, es probable que su juventud le haya sido más un lastre que un activo, por la percepción de inexperiencia. En cambio, hizo campaña con propuestas concretas. Además, definió con claridad sus ejes de comunicación (la idea de “ocupar la ciudad” y “habitar el gobierno”) sobre los que, con disciplina, integró todas sus propuestas para darles sentido y consistencia.

Combinó presencia on-line con activismo off-line

Las redes sociales son instrumentos revolucionarios, pero no hacen la revolución por sí mismos. A Kumamoto le dieron el empuje necesario para proyectar su imagen, pero comprendió que no podían sustituir un arduo esfuerzo por territorializar su campaña, en el sentido tradicional, y así hizo que sus recursos on-line se encaminaran a generar activismo off-line.

Entendió que las redes son el foro de una minoría (incluso en un distrito sofisticado como el X de Zapopan); que no son tan horizontales como se presume y, como los medios tradicionales, suelen sesgarse a favor de quien tiene más recursos; y entendió que favs, RTs y likes seducen al ego pero no se traducen en votos. No escatimó en tuitear, pero tampoco en salir a la calle y convencer.

Construyó una alianza con la sociedad, no una cohorte de seguidores

La fórmula es bien conocida: se crea un grupo de estudiantes con alguna bandera genérica (la democracia, la globalización, etc.) cuyo objetivo real es invitar políticos a tertulias para hacer networking. Comúnmente, esos grupos o bien se desintegran por falta de una causa concreta, o terminan siendo funcionales sólo a su liderazgo, generando frustración y desaliento.

Kumamoto no se inventó un grupo para tener su propia cohorte de seguidores. Optó por hacer sinergia con estructuras de la sociedad civil organizada, aglutinándolas a su candidatura mediante una alianza fundada en una agenda de proyectos y valores compartidos. Hizo activismo ciudadano antes que ágapes políticos.

Una estrategia de contraste, no de asimilación

Muchos jóvenes reclaman espacios de participación denunciando que sus mayores tienen formas viciadas y anacrónicas de hacer política. Sin embargo, una vez en campaña (o en el cargo), y a falta de imaginación, encuentran que sus únicas referencias son precisamente esas viejas prácticas, que terminan asimilando.

Kumamoto creó un repertorio propio de acciones de campaña que logró diferenciarlo de sus contrincantes (como la propaganda-en-mano y los topes a aportaciones privadas) gracias a la claridad con que construyó su estrategia de comunicación, lo que a su vez se dio casi de manera natural porque tenía una agenda y propuestas concretas. Primero se define la visión, y sólo después la forma de comunicarla, porque no se puede comunicar lo que no existe.

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