Los saldos de la conferencia de Peña Nieto en la Ibero

Parafraseando a Abba Eban, parece que el antipriísmo militante “nunca pierde la oportunidad de perder una oportunidad”. ¿Pero, cuál es el problema con la escena de tufo porril que algunos estudiantes montaron hoy en la conferencia de Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana? ¿Qué no tienen derecho a expresarse libremente?

¡Por supuesto que se puede criticar libremente! Y tener filias y fobias en política no sólo es legítimo… es riquísimo; pero también hay que saber expresarlas con talento. El problema es que los camaradas que organizaron la escena tenían la posibilidad de aprovechar un foro académico de alto impacto para hacerle a Peña Nieto las preguntas, críticas y reclamos que se les antojaran. Y si estos estudiantes tenían los argumentos para respaldar sus dichos, pudieron haberlos puesto por delante, y con ello poner en la cancha de los priístas la tarea de contestar. Tenían además la enorme ventaja de aprovechar que ese evento se estaba transmitiendo en vivo, de que por ser en la Ibero, y por que los medios estaban ahí, necesariamente iba a ser comentado e iba a trascender.

Tenían pues la mesa puesta, ¿y qué hacen? Sacan unas mascaras, unas pancartas, gritan unas cuantas consignas adjetivadas, insultan, y pierden la oportunidad de hacer el cuestionamiento crítico e inteligente que todos esperábamos. Y en verdad que a mí, como priísta, me entusiasma e interesa oír a los opositores, porque sin duda hay críticas válidas y legitimas. Pero en lugar de eso, estos estudiantes de la Ibero apostaron por lo fácil: sacar la pancarta para salir en la foto. Y al hacerlo se traicionaron a sí mismos y enturbiaron lo de positivo o válido que pudiera haber habido en su mensaje, porque quedó claro que fueron ellos quienes desde el principio se dejaron seducir por el griterío y la intolerancia, y que de antemano se cerraron a intercambiar ideas y argumentos.

Más importante, la cerrazón de ese grupo de estudiantes contrastó marcadamente con lo que llegó ofreciendo el candidato. Durante la conferencia, Peña Nieto se presentó ante un auditorio plural, crítico, que le lanzó sin miramientos preguntas espinosas. Y qué bueno que así haya sido. Ahora, revisen ustedes el audio o video del evento y podrán constatar que Peña Nieto se manejó bien, escuchó sin impacientarse las criticas y reclamos, las contestó con respeto, y en general respondió abierta y francamente a todos los cuestionamientos con argumentos, datos duros y hasta buen humor. Incluso, y ya un poco fuera de programa, todavía se quedó a atender la pregunta sobre Atenco.

Por todo ello es que los que protestaron de forma intolerante terminaron haciendole un favor a Peña Nieto, pues la imagen que queda es la de un político que no teme subirse a la tarima en foros académicos y con auditorios críticos, que responde sin guión y con argumentos preguntas de todo tipo, que escucha con respeto y muestra buen humor a sus opositores.

Éstos, a su vez, quedan como malos anfitriones que invitan a la gente a su casa sólo para poder insultarla. Y quienes en redes sociales y otros medios les hicieron comparsa, muestran una vez más un doble estándar, característico del antipriísmo militante, que revela filias y fobias elegidas de antemano y falta de sentido crítico: si se trata de atacar al puntero en las encuestas entonces todo se vale. Y así, a lo que en otros casos sería complot y guerra sucia, cuando se trata de atacar a Peña Nieto se le quiere llamar mañosamente “conciencia política”. Hubiese sido pues un acto “delenznable” (palabra que por alguna extraña razón está de moda para condenar un hecho en política). No vale la pena repetir aquí los rumores y fantásticas teorías conspirativas que se quisieron hacer pasar por verdad tras el encuentro, pero basta decir que es impresionante la inventiva de que es capaz una mente fanatizada y predispuesta: “si sale en internet y es contra EPN, debe ser cierto”, parece ser el nuevo credo del antipriísmo 2.0.

Lo que sorprende, pues, no es la protesta en sí misma, que como tal es legítima, sino la apabullante falta de estrategia con que se realizó: quienes se manifestaron parecían estar ellos mismos confundidos, sin mayor brújula o agenda que su fobia partisana; y consecuentemente, a quienes seguimos la transmisión en vivo o después la recapitulamos en los medios, y a quienes esperábamos ver una crítica interesante, que al mismo ponente lo pusiera en posición de responder, nos dejaron con la ganas, y en cambio nos recetaron una escena de noroñización versión Santa Fe.

En fin, de la conferencia en la Ibero Peña Nieto sale fortalecido, no sólo pese a sus críticos, sino, sobre todo, gracias a ellos mismos.

PS. A los espíritus de vocación rebelde –muy necesarios– que se quieran tomar las cosas un poco más en serio, les recomiendo que le echen una ojeada a Rules for Radicals, de Saul Alinsky (y de paso, al trabajo del propio Alinsky como organziador y líder comunitario en Chicago): http://bit.ly/KvuiTm

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