El antipriísmo de cibercafé

Este texto fue  publicado originalmente en La Primera Plana (febrero 7 de 2012), y también puede leerse aquí.

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Hay un nuevo integrante en la familia del antipriísmo militante*: el antipriísta de cibercafé, ese individuo que tiene una grandeza de espíritu tal que se ve moralmente obligado a emplear su tiempo y energías en tareas de primer orden para el bienestar de la república, por ejemplo, pelearse histéricamente en redes sociales con las cuentas del precandidato del PRI, y ‘trollear’ a su equipo y simpatizantes.

En ocasiones, también usa su agudo talento inundando los muros de facebook con foto-montajes ramplones para que otros activistas de sillón puedan darle like o comentar alguna vulgaridad, a fin de mostrarle al mundo lo que es el debate de altura. Y otras veces el antipriísta de cibercafé obra fatigosos malabares y echa mano de toda su sinapsis haciendo que sus insultos quepan en 140 caracteres, para regodearse viendo cómo, a punta de tuits y retuits cargados de odio, enriquece la calidad del proceso electoral y, patriota él, ayuda a hacer de México un lugar mejor.

A juzgar por la evidencia, la credibilidad del antipriísmo de cibercafé es mínima y el impacto que ha tenido muy marginal. Sin embargo, vista con detenimiento la situación es más que cómica lamentable. Reflexionemos en torno a dos proposiciones sencillas, que todos podemos aceptar, y de ahí sacar algunas conclusiones. Primera: es prerrogativa de cada quien definir sus preferencias políticas, y es un ejercicio muy sano manifestarlas y defenderlas libremente, en internet o por cualquier otro medio.

Segunda: quienes tienen acceso regular a internet son, teóricamente, los sectores más críticos de este país, y los que están en mejores condiciones para promover -y exigir- un debate público de ideas y propuestas. Se trata mayoritariamente de segmentos jóvenes, urbanos, con niveles de educación arriba de la media y sobre todo con amplio acceso a distintas fuentes de información.

Juntemos ahora ambas premisas y veremos por qué resulta tan llamativo el fenómeno del antipriísmo de cibercafé: basta echar una ojeada a nuestro muro o TL para constatar que (en su mayoría) los sectores antipriístas más informados y con mayor educación no tienen nada mejor para ofrecer como argumento que mentadas de madre y fotografías burdamente manipuladas a conveniencia. La contradicción es más acusada cuando vemos que son estos mismos sectores quienes se quejan amargamente de la pobreza del debate público, o de que los políticos no tienen propuestas.

Uno puede imaginar la divertida escena: ahí tiene usted a un típico antipriísta de cibercafé sentado frente al monitor de la computadora. Están a su alcance, a literalmente unos pocos clicks de distancia, periódicos y agencias de noticias de todas las orientaciones políticas; estadísticas y bases de datos de instituciones nacionales e internacionales; las páginas de los precandidatos con la información que cada uno presenta; y en fin, infinidad de blogs, columnas de opinión, artículos y recursos de todo tipo.

¿Qué hace entonces nuestro antipriísta? ¿Se toma la molestia de hacer un ejercicio mínimo de búsqueda, lectura y contraste que le permita estar medianamente informado de cuáles son las propuestas y posiconaminetos del precandidato del PRI, para en base a ello ejercer una crítica provechosa y balanceada? Todo lo contrario.

Mostrando un desprecio olímpico por la posición privilegiada de acceso a información que tiene en sus manos, este Tales de Mileto moderno abre el photoshop para crear pósters apócrifos de la Gandhi, y se pone -por convicción o por encargo- a invadir las redes sociales con injurias y calumnias escritas con una sintaxis y ortografía que nos lleva a preguntarnos cuándo sería la última vez que pisó la sucursal de una de esas librerías de cuya publicidad tanto se cuelga para sus ataques.

En este punto puede argumentarse que el PRI y su precandidato también utilizan las redes sociales para interactuar con el electorado. Es cierto, pero basta un pequeño ejercicio comparativo para advertir diferencias mayúsculas. Lamentablemente en este texto no da tiempo de pasar revista a todas, pero dejo apuntadas algunas e invito al amable lector a verificarlo por sí mismo:

  1. Las expresiones del priísmo en la red suelen darse de la mano de acciones concretas en tierra, es decir, se trata del uso de internet como un instrumento de vinculación y propuesta. Ejemplo de esto es el Ectivismo, que recientemente dejó sentir su peso nacional en redes sociales. Nada menos que en “El Sendero del Peje“, Federico Arreola comentó a propósito del Ectivismo en estos términos: “Creo que se trató de una muestra de organización política para operar en las redes sociales. Una exhibición de músculo por parte de los priístas. Fue más una demostración de capacidad de movilización en internet que de aplicación de herramientas tecnológicas para manipular las redes sociales”;
  2. El PRI es el único partido que cuenta con una organización permanente y con un proyecto de profesionalización a largo plazo para estos temas, el Movimiento Nacional de Cibernautas, cuyas acciones y estructura son públicos y abiertos al escrutinio;
  3. Las acciones del priísmo en internet consisten mayoritariamente en difundir información sobre las actividades del partido y el proceso en general (El MNC ha sido también pionero en la creación de una agencia de noticias 2.0). Siguiendo el llamado del precandidato, “una propuesta por cada ataque“, el priísmo en la red ha mostrado un comportamiento mucho más constructivo que sus opositores. Por supuesto hay excepciones, pero en términos generales los priístas han hecho uso de la red con ánimo propositivo y evitando la agresión. La mayoría de las veces en que el priísmo ha pasado a la ofensiva es cuando así se ha visto obligado, producto de la constante campaña negra contra el puntero indiscutible.

El antipriísmo de cibercafé, en contraste, es la versión 2.0 del antipriísmo tradicional: fuera de su fobia visceral por el PRI no tiene mucho que ofrecer, ni programa, ni ideas, más que la descalificación. Critica la falta de propuestas pero no le interesa conocer la plataforma del PRI (¡ni siquiera para criticarla!) ni ofrece ninguna a cambio, y al contrario, evade tenazmente el debate de fondo con su tufo calumnioso.

Lo caracteriza su pereza -cuando no su incapacidad- para el análisis, para ir tras el argumento robusto y el dato duro, dejándose seducir por el comentario fácil, el “retuit” y el like. No le interesa tener un diálogo con el priísmo, que bien podría ser respetuoso y benéfico para ambas partes; está cerrado a esa posibilidad de antemano, y en cambio se ocupa en indagar los detalles de la vida privada del precandidato, con la esperanza de que la frivolidad pueda más que la razón.

Para finalizar, es necesario señalar lo evidente: hay mucha gente que tiene criticas válidas y legítimas respecto del PRI. A esa gente, independientemente de su orientación política, vale la pena tenerla cerca, y los priístas debemos ser los principales interesados en aprovechar las posibilidades de las redes sociales para entrar en contacto con esas personas, dialogar con ellas, hacerles ver nuestros argumentos y también ser receptivos a los suyos, porque la crítica constante es la mejor forma de cambiar lo que podamos estar haciendo mal, y mejorar lo que ya hacemos bien.

Desafortunadamente, este sector es minoritario, y hoy en internet y redes sociales predomina lo rupestre. Es fácil saber si ponerse o no el chaleco. De entrada, si tras leer apenas el primer párrafo de este artículo -que intencionalmente cargué de acidez para el experimento- usted instintivamente se puso a la defensiva, muy probablemente sea un antipriísta de cibercafé.

Si además, sin mayor análisis o reflexión estaba mentalmente diciéndome que soy un idiota, y luego pensó en buscar mi cuenta de twitter u otro medio similar para hacérmelo saber y sentirse mejor consigo mismo, puede entonces confirmarlo: es usted un antipriísta de cibercafé (además de una persona con poco sentido del humor, lo cual es muy triste siendo esta vida tan corta y la risa gratuita).

* El concepto de “antipriísmo militante” es desarrollado con detalle en el artículo del mismo nombre que puede ser consultado aquí.

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