El libro que los críticos no leyeron y el color favorito de Peña Nieto

Estos últimos días en los que la FIL ha hecho aflorar al rey-filósofo que todos llevamos dentro han servido para acreditar aquél sombrío diagnóstico de Henry Adams sobre la política, que definía como “la organización sistemática de los odios”. El antipriísmo militante llena muros de facebook y crea trending topics en twitter con escarnio, pero no acierta a entrar en un debate serio, por ejemplo, sobre la propuesta muy concreta y de trascendencia nacional de permitir la inversión privada en PEMEX, que el precandidato del PRI ha puesto sobre la mesa desde hace ya tiempo. La misma comentocracia redsocialera que se escandaliza por aquél episodio no se atreve a rebasar la crítica más bien perezosa de “likear”, y su mayor mérito es hacer malabares para condensar en 140 caracteres filias y fobias elegidas de antemano.

Uno supondría que lectores de la talla de los críticos del precandidato del PRI y posible próximo presidente de México tendrían la curiosidad intelectual de leer el libro en que éste ofrece una primera agenda de gobierno, y hacer en base a ello una crítica legítima y necesaria (México, la gran esperanza: un estado eficaz para una democracia de resultados, México, Grijalbo Mondadori, 2011, pp. 216). Uno pensaría que estos habitantes de Callipolis estarían más interesados en llevar a la palestra pública planteamientos como las modificaciones al sistema de seguridad social, el mando unificado de policía, las jornadas de ocho horas en niveles de educación básica, la disminución de diputados plurinominales, o la reforma energética, entre otros temas que se discuten en ese libro que ni han leído ni les interesa leer. En lugar de esto, el antipriísmo militante (y ahora polímata) se ha abocado a tareas harto más prioritarias para el bienestar de la república, como crear pósters apócrifos de la Gandhi, para poder darle “like” y así demostrar que ellos sí saben mantener el nivel del debate público en los estándares más altos. Ni siquiera, pese a que resultaba obvio dada la circunstancia, intentaron entrar en el debate sobre la agenda en materia de educación que propone el priísta. Se impuso, como es costumbre al atacarlo, la comodidad del comentario fácil y superficial.

El episodio de la FIL ha revelado sin duda que existen serias limitaciones en nuestro debate público, pero no tanto para nombrar libros cuanto para ejercer una crítica de propuestas. Más preocupante aún es que esto se dé en redes sociales, porque son precisamente quienes tienen acceso a internet los estratos teóricamente mejor educados, más informados y críticos del país. Estando así las cosas, propongo modestamente al antipriísmo militante que se atreva a dar el siguiente paso y esta vez haga una crítica más ambiciosa, severa e inmisericorde. Se me ocurre de bote pronto que la excusa perfecta puede ser el color favorito de Peña Nieto. O con algo de fortuna, quizá uno de estos días llegue a un evento con los zapatos mal boleados.

México-La-Gran-Esperanza1

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