Carmen Aristegui, la política

Este texto fue publicado originalmente en el semanario Crítica (marzo 7 de 2011), y también versión puede leerse aquí.

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Bajo la bandera del periodismo, Carmen Aristegui ha estado siempre haciendo política, y ahora que ella y su agenda regresaron a la radio, tendremos oportunidad de constatarlo. En breve recuento de hechos, recordemos que el pasado 7 de febrero la cadena MVS rescindió su contrato laboral por lo que, oficialmente, se argumentó fue una violación al código de ética de la empresa cuando la periodista editorializó lo que debía ser una simple nota: la famosa manta que el diputado Noroña sacó en la Cámara acusando al presiente Calderón de alcoholismo.

El despido, ahora revertido, provocó indignación entre su audiencia y una parte de la opinión pública bajo el supuesto de que la empresa actuó por petición o presión de la Presidencia. Fue así, por esta versión jamás corroborada pero ampliamente difundida y especulada, que lo que comenzó como un asunto entre particulares se convirtió en una cruzada por lo que, se dijo, era un atentado contra la libertad de expresión.

Aristegui, decíamos, hizo política. En lugar de hacer un pronunciamiento claro y público, durante dos días tras su despido dejó que corriera la versión de la censura, y que sus simpatizantes, desprovistos de información oportuna, acumularan frustración y coraje. Jugó, en otras palabras, la carta de la desinformación y la subjetividad, una actitud común en política, pero contraria al oficio del periodista. Cuando finalmente salió ante las cámaras, el único tema que no tocó fue el que se refiere a cuál es la responsabilidad de los medios cuando, como fue su caso, difunden información sin sustento en hechos, lesionando al aludido (en este caso el presidente, pero para propósitos prácticos, cualquier persona, porque ojo, no se trata de filias o fobias políticas, se trata de qué es verdad y qué es mentira).

Naturalmente, Aristegui está en su derecho de recurrir a estos métodos ambiguos. También puede publicitar como hechos rumores infundados, como lo hizo, y utilizar sus espacios informativos para afectar intereses concretos, como lo hace.

Recordemos por ejemplo cuando sacó una muy desafortunada y ventajosa entrevista con el ex presidente De la Madrid, argumentando su valor periodístico. Aunque más tarde el propio ex mandatario corrigió a la entrevistadora, el problema es que la lanzó pocos días previo a elecciones, cuando la obtuvo dos meses antes, y el libro en que se haría pública estaba programado para salir hasta tres meses después. En esta ocasión no fue contra el PAN, sino contra el PRI, su otro enemigo favorito. Aristégui pues, puede optar por seguir haciendo todo esto, pero la opinión tiene entonces también derecho a que se le diga que eso es política facciosa, no periodismo objetivo.

Muy bienvenida pues la voz de Aristegui en la radio nuevamente. Oigámosla, no obstante, con ánimo crítico, y planteemos las mismas demandas de objetividad y transparencia que la periodista constantemente reclama de los actores políticos (particularmente de aquellos con cuyas posiciones no concuerda).

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