Egipto después de las protestas: ¿quién y cómo?

Este texto fue publicado originalmente en el semanario Crítica (febrero 14 de 2011), y también puede leerse aquí.

***

Es difícil no solidarizarse con el pueblo egipcio que hoy, y desde el pasado 25 de enero se ha echado a las calles, valiente, a exigir cambios que le permitan ver realizadas sus expectativas políticas, sociales y económicas. No es para menos, hay que ir atrás 95 años, a las revueltas de 1916 contra el imperio otomano para encontrar algo similar en el mundo árabe, dice el especialista Jamal Khashoggi para el Financial Times.

El tema ha acaparado los noticiarios internacionales, la opinión pública se ha decantado inequívocamente del lado de los manifestantes, y sin embargo hay poco análisis respecto a quiénes son los actores en este conflicto y cuáles sus intereses. Incluso en medios tan prestigiosos como el New York Times, diversas editoriales celebren un eventual triunfo de la protesta, sin ofrecer una reflexión sobre qué pasará entonces: ¿quién tomará el poder? La confusión proviene de un error: se ha creado la imagen de que los manifestantes, de un lado, son la representación del progresismo y la democracia; el gobierno, del otro lado, también un monolito, encarnación del anquilosamiento y la represión. La realidad es más complicada que esto. Veamos.

Entre los manifestantes hay un buen número de gente joven, urbana, muchos de ellos estudiantes, y que si bien no ha presentado una agenda clara, sí se identifican con valores democráticos y liberales, al menos en términos generaales. Lamentablemente, dada su falta de experiencia en política, es poco probable que, de salir victoriosos, pudiesen llegar a ocupar cargos efectivos en el nuevo gobierno. En otro extremo está la Hermanad Musulmana, grupo con una agenda concreta: religioso-política y populista, pero bien organizada, con experiencia política y recursos económicos. De triunfar la protesta, es probable que este grupo gane gran poder en el gobierno, y aunque no comparte valores democráticos, puede servirse de la simpatía internacional a las protestas para legitimarse.

En el gobierno el panorama tampoco es homogéneo. Las fuerzas armadas son pieza clave: no es sólo uno de los ejércitos más poderosos de la región (sólo debajo de Israel y Turquía, y arriba de Irán según Global Firepower), es también un complejo económico que produce desde televisores hasta ropa y comida. Robert Springborg, especialista en el tema, explica en el NYT que mientras las cúpulas mantienen sus lealtades hacia Hosni Mubarak, los mandos medios, cuyo estatus social y económico ha ido menguando, podrían estar tentados a unirse a los manifestantes. Debe además distinguirse a los moderados pro-reformistas dentro del gobierno, no sólo porque los hay, sino porque, de caer el régimen de Mubarak, ¿quiénes ayudarán con el complicado proceso de transición, si se quiere echar del gobierno a toda la gente que tiene experiencia en el manejo del sistema? Así pues, aunque el espíritu de estas protestas sea bienvenido y necesario, es importante recordar que ni la democracia ni los sistemas políticos efectivos se construyen con improvisados o extremistas al mando (en México, por cierto, aunque en contextos diferentes, sabemos bien esto).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s