¿Qué piensa mi generación de Carlos Salinas de Gortari?: el “Salinas Art Project”

Carlos Salinas de Gortari es una figura excepcional. Es un hombre polémico y sin embargo, las opiniones que divide y los estereotipos que se han producido a su alrededor se crearon en el tiempo de nuestros padres; las ideas que hoy se siguen repitiendo sobre Salinas pertenecen a juicios y prejuicios que ya no corresponden a las generaciones que nacimos a partir de la segunda mitad de los años ochenta.

¿Qué piensa mi generación de Carlos Salinas?

En gran medida, las nociones que tenemos sobre el presidente Salinas y su obra no son nuestras: son ideas que hemos heredado, las más de las veces sin cuestionarlas a fondo. Y pese a estos sesgos, la presidencia de Salinas no puede sernos ajena: en su administración se creó mucho del andamiaje institucional que hoy mantiene a este país a flote. Mi generación tiene además dos ventajas en la tarea de re-pensar a Salinas. Por un lado, tenemos la frescura que da la perspectiva: nosotros no fuimos bombardeados por esa guerra mediática que en su momento le hizo tanto daño a la imagen del presidente, y por tanto, somos más receptivos y sensibles ante otros planteamientos. Por otro lado, en tanto que herederos del país, tenemos la necesidad de reflexionar sobre Salinas, puesto que no se entiende la historia del México contemporáneo sin entender el periodo de 1988 a 1994. Ya en otro post he comentado que Salinas es un hombre que se mantiene, sin duda, en el debate público, aunque a diferencia de otros expresidentes, lo hace mediante el diálogo y las propuestas.

Todo esto viene a cuento porque una artista irlandesa, Elaine Byrne, ha lanzado una invitación para que los mexicanos le escriban contándole lo que piensan de Carlos Salinas, el Salinas Art Project. Según reporta la prensa, a partir de este material Byrne presentará una obra de arte colectiva –si bien no se precisa exactamente de qué se trata— para noviembre, en Dublín.

No deja de resultar curioso, por decir lo menos, que esta iniciativa artística “para empoderar a la gente” (detrás de la cual está “Letras Voladoras”, grupo cercano al PRD), haya seleccionado ni más ni menos que a Carlos Salinas para el dichoso experimento. Dice la autora que esto se debe a que el ex presidente habita en Irlanda, aunque es de conocimiento público que Salinas no reside en Dublín desde hace años. También se antoja extraño que se haya elegido para el proyecto a un personaje sobre el que la opinión pública posee poca documentación objetiva y al que se le hizo una implacable guerra mediática destinada a dañar su prestigio personal. Parece que, tal como está planteado, el proyecto de Byrne invita más bien a generar reacciones viscerales que a un diálogo objetivo; invita más a una catarsis trivial que a un empoderamieto público genuino. Es por ello que yo me pregunto, ¿qué opina mi generación de Carlos Salinas? Al final del post dejo la forma como se puede enviar el correo a Elaine Byrne (también se puede checar este dato en la nota del Reforma:click).

Aquí abajo, ofrezco algunos planteamientos para repensar a Salinas, y sobre todo, para hacerlo con argumentos y datos duros. Y por supuesto, quedo abierto al debate, para profundizar los temas que se tocan en este post, y para entrar a los que hayan quedado fuera. Creo que es hora de que quienes aprecian y respetan al presidente Salinas lo digan sin tapujos, porque razones sobran, pero también es conveniente acompañar este entusiasmo con los argumentos adecuados.

Repensar a Salinas

No puede pasarnos desapercibido que mucho de lo que se dice de Salinas es producto de una campaña de desprestigio, instrumentada desde el propio gobierno, cuando la crisis de 1995 obligó a buscar un chivo expiatorio (el “villano favorito”, como se decía entonces). Un análisis riguroso de lo que sus críticos han dicho y escrito demuestra que, más allá de especulaciones y calumnias, sorprendentemente no se encuentran argumentos sólidos, ni mucho menos pruebas, que sostengan las múltiples y trilladas imputaciones que se le hacen. Naturalmente, los periodistas y analistas que le han atacado pueden siempre calumniar sabiendo que, pese a no poder sostener los dichos, quedarán impunes, pues nadie los obliga (ni siquiera su propia ética profesional) a respaldar con datos sus acusaciones. Como en los viejos tiempos, sólo hace falta repetir una cosa muchas veces, hasta que la gente la de por hecho, sea o no verdad. Nadie ha salido a desmentir, por ejemplo, la versión sobre la crisis que el ex presidente ha ofrecido en sus libros y entrevistas, invitación que ha hecho reiteradamente. Veanse sus libros México: un paso difícil a la modernidad (2000), y La “década perdida” (2008): aquí puede versela presentación de este último libro.

Tampoco podemos ignorar que los análisis serios (aquéllos basados en pruebas verificables y datos duros, que son los menos), demuestran una y otra vez que el país tenía rumbo en tiempos de Salinas: había un sólido proyecto social (Solidaridad) que benefició a millones de mexicanos; fue una época de desarrollo institucional y democrático (se crearon organismos que hoy damos por sentados, como el IFE o la CNDH, además de que se reconocieron, por vez primera, los triunfos de la oposición en los estados); se tenía rumbo en política exterior (pocas veces se había logrado mantener, simultáneamente, buenas relaciones con Estados Unidos y Latinoamérica, incluyendo a los gobiernos de izquierdas). Se le tenía respeto entonces a las artes y la cultura (se impulsó el financiamiento a creadores, y a esa administración se debe el CONACULTA). La economía daba razones para ser optimistas (abajo ofrezco algunos datos concretos), y más importante, los indicadores macroeconómicos se reflejaban en el bolsillo de la gente, y no sólo en las pantallas de la televisión a la hora de las noticias financieras. El dinero de las privatizaciones (tan satanizadas en su momento) se fueron íntegramente a financiar los programas sociales, y a reducir la deuda, como está documentado. Veamos algunos datos duros:

Los tiempos de Salinas

• El crecimiento económico anual en términos reales fue 4.5%.
• La productividad creció durante el sexenio 8% anualmente.
• La deuda disminuyó de 63.5% en 1988 a 22.5% en 1994. Esto se logró con el dinero obtenido de las privatizaciones.
• Además de disminuir la deuda heredada, el gobierno evitó volverse a endeudar: el endeudamiento externo se mantuvo 28% por debajo de lo autorizado por el Congreso.
• ¿Los saldos del TLC? Gracias al Tratado, el gobierno siguiente pudo hacer frente a la crisis que provocó, sin lo cual hubiese sido aún peor e insostenible: entre 1993 y 1999, con el Tratado, las exportaciones con Estados Unidos se triplicaron, y con Canadá crecieron 115%; las inversiones directas inyectaron al país, hacia 1997 tan solo, 47 mil millones de dólares.
• Con el programa Procampo, por vez primera, se dieron recursos a los 2.2 millones de campesinos más pobres que jamás se habían beneficiado de los precios de garantía, que favorecen a los grandes poseedores de tierras. Este programa se financió, también, gracias a las privatizaciones y la renegociación de la deuda.
• El gobierno del presidente Salinas fue el primero en reglamentar la presencia de agentes norteamericanos operando en otro país, a fin de mantener los controles por parte de México en este terreno (Diario oficial de la Federación, 3 de julio de 1992).
• Contrario a la propaganda, la pobreza extrema y moderada disminuyeron (7% real) durante esta administración (datos del Banco Mundial).
• Los salarios reales de los trabajadores crecieron hasta llegar a ser lo primeros en América Latina. Por ejemplo, el poder adquisitivo medido con el indicador de los cotizantes del IMSS creció en 76% durante el sexenio.
• Se redujo a la mitad la diferencia del salario real por hora entre los trabajadores en Estados Unidos y en México.

La de Salinas fue también una época reformista: la reforma al 130 constitucional puso en la legalidad lo que de todas formas estaba ocurriendo de manera discrecional, y permitió un diálogo franco y respetuoso del estado con las iglesias, manteniendo la laicidad. Cabe destacar que en este periodo, en el Congreso de la Unión ya había una pluralidad de partidos, y las múltiples reformas de gran trascendencia (al articulo 4, 27, al mismo 130), se generaron creando consensos con las distintas fuerzas políticas. Sólo hace falta ver las notas en diversos periódicos y revistas de la época, además, para darse cuenta de que los medios de comunicación gozaban ya de la libertad para criticar, caricaturizar –y en los extremos, hasta difamar—al presidente.

Otro tema recurrente sobre Carlos Salinas es el de las elecciones de 1998. Las acusaciones de irregularidades, sin embargo, jamás mencionan que las actas de las 55,000 casillas, firmadas por la opisicón, no fueron destruidas: están disponibles para quien quiera consultarlas en el Archivo General de la Nación (son las primeras elecciones plenamente documentadas de la historia). Ningún crítico vociferante, sin embargo, se ha dado a la tarea de revisarlas. Tampoco se dice que todas las encuestas, incluyendo las de La Jornada, anticipaban el triunfo contundente del PRI, y que los resultados de la elección se corresponden con estos pronósticos: Salinas ganó con el 50.36% de los votos, la encuesta de La Jornada pronosticaba 50%, y la de Gallup-Eco 56%, todas en márgenes.

Salinas en campaña

Pero quizá más importante que los éxitos económicos o políticos, fueron los logros morales: pregunten, ahora sí, a los padres y abuelos, y la reacción es casi unánime: durante el sexenio de Salinas se logró que los mexicanos creyéramos en nosotros mismos, que tuviéramos fe en nuestra capacidad para salir adelante. Este ambiente de optimismo, que puede parecer tan etéreo, resulta indispensable para que una nación, cualquiera, florezca. Revisemos la historia. Un pueblo pesimista está derrotado de antemano; una sociedad que no considera posible mejorar su situación material mediante el trabajo honesto es propensa a entregarse a la apatía, la corrupción y la violencia. No es una conquista menor hacer que una nación de 100 millones de personas creyera y trabajara con su gobierno en la tarea colectiva de prosperar.

Por supuesto, este post es sólo una pauta. Documentación para analizar el periodo de Salinas no falta, es sólo que resulta más fácil repetir estereotipos cargados de odio que irse al archivo a investigar los datos duros. Y pese a toda esta cargada, yo cada vez encuentro más gente que recuerda con aprecio y respeto al presidente Salinas, y que reconoce los beneficios que dejó su gobierno. No se trata, por cierto, de dejar de lado las limitaciones que, como cualquier gobierno, entonces extistieron. Él mismo ha comentado que toda administración deja activos y pasivos, y que es indispensable reconocer los errores. Con esto en mente, no obstante, también es indispensable re-pensar esta etapa, y valorarla en su debida dimensión, destacando la obra del que, yo creo, fue el último presidente de México que contó con un proyecto sólido de nación. Los resultados, si se atiende a los datos, hablan por sí mismos. Lo demás es politicaficción.

***

Para mandar la opinión al Salinas Art Project, estos son los requisitos que comenta la autora, Elaine Bynes:

• Escribir a salinasartprject@letrasvoladoras.com
• Que el mensaje no exceda de 150 caracteres.
• Incluir nombre completo, edad y profesión.

Y nuevamente, la nota del Reforma, para más información (click)

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