¿Cuál es el problema con los franeleros?

Ubicuos, como son ahora y desde hace tiempo, los franeleros, ‘aparta lugares’ o ‘viene–vienes’, aparecen tan parte del paisaje del México urbano que difícilmente alguien se hace muchas preguntas al respecto. Su actividad se encuentra fuera de la legalidad (ver nota), pero aún así es universalmente tolerada. Queda entonces revisar por qué, qué hay detrás de esta actividad que, justamente, resultar inaceptable.

Durante algún tiempo traté de hacer las paces con la idea del aparta-cuida lugar. Las razones que se esgrimen a su favor son conocidas:

  1. Son personas trabajadoras: se les encuentra desde la mañana y hasta la noche; están en su puesto pese al calor, la lluvia o el frío.
  2. No tienen otra posibilidad de trabajo legítimo, debido a su falta de educación y oportunidades en general.
  3. Corolario de lo anterior, de no ganarse la vida de esta forma, muy probablemente serían delincuentes.
  4. Finalmente, resultan funcionales: cuidan el auto, generalmente se encargan también de lavarlo, y si se trata del aparta lugar local-de confianza (al que uno ve diario en la escuela o el trabajo) incluso puede hacerla de valet parking, o aun apartar un lugar de modo personalizado.

Hasta aquí la defensa. Una que a primera vista pareciera razonable por cierto. Pero entonces, ¿cuáles son las razones en su contra? Desafortunadamente, el principal argumento en contra de los aparta lugares, al menos el que yo he oído, es bastante malo, y dice: “los franeleros ganan ‘mucho’ dinero. Haciendo cuentas, de a diez o quince pesotos por coche, y cuidando unos 25 o 30 al día, más unas diez lavadas de a treinta pesos, no es un monto desspreciable”.

Estas matemáticas arrojan, por mucho, un ingreso diario superior al del mexicano promedio. Sin embargo, el argumento es equivocado: el problema no es que una persona se haga de un ingreso, al contrario, eso no podría ser mejor noticia. El problema con los aparta lugares tiene que ver con la naturaleza de su trabajo, y sus implicaciones, no con su cuanto ganen. Tendríamos entonces que empezar señalando que los cuatro puntos anteriores de la defensa son más bien una colección de intuiciones fáciles y resignaciones disfrazadas. Queda ir desmenuzandolos uno por uno:

• Que son personas trabajadoras.

Cierto, lo son, y en efecto suelen trabajar jornadas agotadoras. Sin embargo, este no es el tema. Las pregunta era otra: ¿es legal lo que hacen? Y para responder a esa pregunta resulta irrelevante si son trabajadores entusiastas, de la misma forma que, reconocimos, es irrelevante, para acusarlos, si ganan mucho o poco. La actividad que realizan no es legal, y en consecuencia no debiera ser tolerada, por lo que hay detras de ella, que veremos en los siguientes puntos.

• Es gente sin otra posibilidad de trabajo legítimo.

Falso. Sólo hace falta echar una ojeada a las muchas otras personas que también han hecho de la calle su lugar de trabajo, sin secuestrarla: voceadores o vendedores de dulces, por ejemplo. Una anciana cerca de mi casa, que también trabaja varias horas diarias (fines de semana incluidos) y soporta el humor del clima con envidiable tezón, ha optado por hacerse de una cajita atada al cuello en la cual ofrece a los automovilistas dulces, refrescos y cigarrillos. Imagino que va a alguna central de abastos a surtirse; que hace sus cuentas para calcular cuánto debe cobrar para tener un ingreso; que ha aprendido, por experiencia, qué productos prefieren sus clientes y cuáles no se venden. Incluso, esta mujer ha hecho un acuerdo con el puesto de periódicos de la esquina: a cambio de auxiliar llevando el diario a los conductores que piden uno al puesto, se lleva una pequeña gratificación al día. Esta señora es una emprendedora. Una a pequeña escala, claro, pero una en el sentido pleno.

• De no ganarse la vida de esta forma, muy probablemente serían delincuentes.

Cuesta creer que un ciudadano que se precie de llamarse tal acepte este tipo de razonamientos podridos. Su lógica es terrible: ¡se trata de un subsidio por que no asalten a uno! ¿Qué expresión se les ocurre para describir esto?, ¿el chantaje de lo potencial?, ¿miedo apriorístico? Las raíces sociales del crimen son una realidad, pero también lo es que la impunidad es el principal incentivo para que una persona cruce el umbral y se haga criminal. Bueno, pues esta lógica va más allá de la impunidad: impunidad significa falta de castigo, y se entendería que se es impune una vez que, cometido un delito, se logra escapar de la ley. Bajo el argumento anterior, incluso la impunidad es innecesaria, puesto que se previene subsidiando a un presuntamente potencial criminal, “!tolerando una actividad ilegal a fin de que no cometa una… actividad ilegal!” Alucinante.

• Finalmente, resultan funcionales.

Falso. No “resultan” funcionales. De hecho, el principal caso contra los aparta lugares es precisamente que “imponen” su funcionalidad mediante dos mecanismos más o menos coercitivos: primero, la pretensión de que sobre la porción de tramo que dicen cuidar ejercen una posesión privada, es decir, ese espacio particular de la calle ha dejado de ser vía pública: es de ellos, y si lo quieres usar debes pagar. En este sentido el aparta-lugar es una suerte de terrateniente, y su actividad un apañe.

Segundo, la pretensión de que ellos tienen el monopolio de la seguridad vehicular, y la amenaza implícita de que, de no pagarla, el auto de hecho corre el peligro de “salir rayado”, al más puro estilo mafioso. En pocas palabras, ofrecen un servicio que, además, imponen. No es opcional. ¿Qué dicen, que uno siempre puede irse sin pagar? Esa posibilidad se agota a medida que el aparta-cuida-lugares se refina, y fija y exige cuota de antemano.

Hay muchas razones por las cuales los mexicanos nos hemos desacostumbrado a ser los propietarios de nuestros lugares públicos: la inseguridad nos hace replegarnos en nuestras casas; las distancias y el caos vial han hecho de nuestros autos un segundo hogar; la floja economía hace a veces difícil disfrutar algunas opciones de entretenimiento, mientras que aunque otras son gratuitas, la costumbre hace muchas veces de la TV una mejor opción. Por lo que sea, a veces se olvida que los espacios públicos son eso: públicos, nuestros, de todos. Y no es un imperativo moral, es uno muy económico: nosotros pagamos por estos espacios. Entre otras cosas, pagamos por el mantenimiento de las calles. De hecho, el automovilista carga de por sí con una buena cantidad de impuestos, como contribuyente cautivo: tenencia, reemplacamientos, verificaciones, sin mencionar que sobre el propietario de un auto caen las alzas de la inclemente y económicamente inelástica gasolina.

Ahora, que una persona diga haber “cuidado” un lugar público para estacionar el auto, y cobre por ello es bastante desconcertante cuando uno lo piensa con cuidado. Imaginen que alguien se pusiera afuera de su casa, y cada vez que uno quisiera entrar o salir le dijera: “joven, le estuve cuidando su entrada, ahí con lo que guste cooperar (en el mejor de los casos, pues muchas veces ya hay tarifas asignadas)”. ¿Sería esto aceptable?, ¿no?, ¿y por qué si lo es para el caso de los autos?

Una pregunta pertinente, cuando uno estaciona su auto y se acerca el aparta lugares a pedir su cuota diciendo “se lo cuido” sería, ¿“y exactamente de quién me lo va a cuidar, además de usted mismo?” Y supongamos que alguien realmente quiere robar mi auto, o una pieza de mi auto. ¿Cuál es mi garantía en caso de “eventualidad”? Más todavía, supongamos algo aún más sencillo: alguien quiere rayar mi auto, y lo hace. ¿Qué me ofrece el cuida lugares? Y que hay una amenaza real de que el auto de uno puede sufrir un “accidente” si no se paga la cuota no es una especulación: historias de rayones, placas extraviadas, llantas ponchadas, espejos rotos, ¿alguien no se sabe una?

Los aparta-cuida lugares son en su mayoría gente trabajadora, que se fleta, que tiene que mantener una familia; también puede ser gente simpática y servicial en muchos casos. Pero también es cierto que se trata de personas que están en la ilegalidad; que imponen su servicio bajo la falsa pretensión de ser los dueños privados de un lugar público; y que imponen su funcionalidad también con la amenaza velada o no de tener el monopolio de la seguridad de tú auto, y la decisión final sobre si sufrirá o no un accidente.

Qué solución socialmente responsable dar a este problema es un tema que debe discutirse, pero para ello es importante primero reconocer que hay un problema en todo esto. Insisto, ¿estarían ustedes dispuestos a pagarle peaje a alguien que se los exigiera a la puerta de sus casas, cada vez que quisieran entrar? ¿No? I rest my case.

PS. Naturalmente, hay claras diferencias entre el aparta-cuida lugares y el simple viene-viene (aunque suelen coincidir). También está el tema de la complicidad policíaca, y finalmente de los vecinos que, siguiendo el ejemplo, también han empezado a creer que su predial les da derechos sobre la calle. Ojalá para una próxima discusión.

@aramiskincino

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